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La Ciénega Bastión de la Independencia y teatro de operaciones en la Revolución


A doscientos años…

Del inicio de la guerra de Hidalgo, la ciénega de Chapala sin duda alguna fue una de las zonas fuertes y bastión perecedero en la guerra contra el opresor gachupin. Así lo confirman  colecciones de documentos como la de Hernández y Dávalos en las que hemos encontrado cientos de documentos que nos hablan de innumerables batallas entre los insurgentes cienegueños y las fuerzas realistas.

Escena de la Independencia

"Escena de la Independencia"

Pero también gracias a documentos que existen en los archivos nacionales, hemos encontrado ya no solo a los palmeños Marcos Castellanos, Luis de la Cruz Macías, Fernando Macías y   Pedro Cárdenas como primeros jefes de la insurrección luego de la visita de José Antonio “El Amo” Torres a la región en octubre de 1810. Las últimas investigaciones nos muestran que los sacerdotes Ignacio Ortíz y Pablo Victoria, este último sahuayense de nacimiento, fueron iniciadores también del movimiento insurgente. Nombres que desfilan hoy como parte fundamental de la pléyade de paladines de la guerra independentistas han surgido del olvido como los sahuayenses Ignacio Navarro, Rafael Gudiño, Miguel del Río, José Villaseñor; de San Pedro Caro los capitanes insurgentes  Ambrosio Morales y Juan José Vega; Jiquilpenses como José Antonio Béjar que operó por la región de Autlán en La Nueva Galicia; también Bartolo González e Ignacio Avalos del Rincón de María. Todos ellos estuvieron al mando del sacerdote nacido en La Palma don Marcos Castellanos Mendoza y del primer caudillo de la insurrección don Luis Macías viejo hacendero y primo hermano de Castellanos.

Las operaciones militares de las tropas de don Luis Macías y Fernando su hermano se realizaron en la zona que comprende en La Ciénega y las zonas aledañas al Lago de Chapala y llegando hasta Colima pasando por los pueblos de Jalisco. Luego la resistencia inusual que realizara el segundo jefe del movimiento,  el Padre Marcos Castellanos cuando se concentraron las tropas en la indómita Isla de Mezcala desde 1813 hasta 1817 en que dieron cientos de batallas en todos los pueblos del lago y que culminó con la quemazón de casi todos los pueblos ribereños para poder doblegar a las tropas cienegueñas y del lago de Chapala que vivían en el último reducto más heroíco de toda la historia de la guerra de Independencia en México. Cayeron los principales jefes en la Nueva España, murió el rayo del sur, don José María Morelos, se indultaron José María Vargas y otros, pero Mezcala seguía en pie de lucha concentrando los 8 mil  realistas y una flota de buques y lanchas cañoneras que asediaban día a día la indómita isla.

Muerte y destrucción no dejaron que los soldados de Castellanos se rindieran. Días, meses y años, los cañoneos a la isla, las enfermedades y el hambre, no hicieron que la resistencia de los habitantes de la ciénega y del lago, olvidaran al padre Marcos y sus soldados. Durante las noches arriesgando sus vidas, canoas cargadas de víveres sostuvieron a los casi mil hombres que tenía la isla y sus familias. Las mujeres tuvieron una heroíca participación al cuidar de sus hombres, sus niños y atender a los soldados que incursionaban para atacar los pueblos dominados por españoles.  Por eso cuando en noviembre de 1817 una epidemia acababa con la vida de cientos de hombres, mujeres y niños en la Isla, le salió a Castellanos su casta de sacerdote y arregló una honrosa capitulación, devolviendo a los hombres a sus pueblos con la promesa de reedificarlos, darles tierras y semillas para sembrar, mientras que el cura de La Palma se fue al retiro voluntario en Ajijic. Donde pasados algunos años murió en 1823 sepultándosele en Jocotepec.

Cien años después…

Cuando la revolución contra la injusticia social fue encabezada por Francisco I. Madero, los hombres de la ciénega también engrosaron las filas de la revolución, allí está don Lázaro Cárdenas operando con las fuerzas de García Aragón, también el cojumatlense don Andrés Magaña en las filas del jefe Eugenio Zúñiga, los Contreras de Jiquilpan que tomaron el distrito en primera instancia para la revolución maderista.

Cañón de monte en La Palma

"Cañón de Monte en La Palma"

Sin embargo intereses de los hacendados de esta región, impulsaron la reacción contra el maderismo y conformaron las temidas guardias blancas que operaban como Acordadas contra las tropas de la revuelta. En 1913 otro hombre de La Palma, el mayor Francisco Cárdenas Sucilla, asesinaría al legítimo presidente don Francisco I. Madero por órdenes de Aureliano Blanquet y se dice que con la cooperación económica de algunos hacendados de la región de la ciénega.

Entonces se volcaron las fuerzas revolucionarias quemando La Palma en marzo de 1913 y atacando con fuerza la zona de la ciénega en represalia contra las actitudes reaccionarias de los ricos hacendados de la ciénega. Fue entonces que hombres con Zúñiga, Peña, Zepeda, Valladares y otros tomaron el control de la zona, reprimieron y acabaron con las acordadas de las haciendas ya bien con la bandera Carrancista, de la Convención o de fuerzas camufladas que operaron hasta bien pasada la revolución. Sahuayo se declara villista y en diciembre de 1914 Pepe Ramírez ataca las fuerzas de Claudio Fox que estaban estacionadas en La Palma en la épica batalla del 12 de diciembre de aquel año en que fue derrotado el carrancismo culminando con el fusilamiento de los militares en La Palma.

Los bandidos de Eliseo Zepeda con su famosa “Puntada” tuvo la región sumida en el terror, atacando y secuestrando, robando y tratando de acabar con la oligarquía cienegueña. Más tarde con la llegada de Inés Chávez, que en meteórica incursión llegó a quemar la hacienda de San Antonio, después de no poderle ganar al General Francisco Zepeda en Tingüindín, incursiona por Guaracha donde quema el ingenio, evade Jiquilpan llegando al Cerrito Pelón, a Sahuayo y La Palma donde se estaciona durante tres días entre diciembre de 1917 y enero de 1918, allí concentró sus fuerzas con Jesús Síntora y otros jefes menores.  Su raudo paso por San Pedro Caro, La Barca, Atotonilco y Degollado dejan a la región sumida en la desesperación y la secuelas del saqueo.

Con La Puntada y Chávez, concluyó la revolución en la zona y con el apaciguamiento de todas las fuerzas, la región tuvo momentos de calma y la consolidación de la paz.

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Un general revolucionario: Francisco Zepeda Salas


Desconocido totalmente en estas tierras, Francisco Zepeda nació en Pajacuarán en 1878 por azares del destino en esta población.  Hijo de J. Refugio Zepeda y Celsa Salas nació el 10 de marzo; su padrino fue el reconocido político pajacuarense don Lino Rodríguez. Su padre por aquellos años, trabajaba junto con don Aurelio Ochoa y eran encargados de acarrear los ganados de los latifundistas hacia las ciénegas de Pajacuarán. Luego pasaron a vivir a La Palma donde su padre fue administrador de la hacienda y de allí a Tacázcuaro hacia 1905 donde residían y administraban una tienda.

Francisco Zepeda

La hoja de servicios que proporcionó el general Amaro, sobre Francisco Zepeda, bien vale presentar algunos rasgos, por su importancia y relevancia. Su primera incursión como militar la hizo cuando causo alta como capitán 2º de caballería a las órdenes de Guillermo García Aragón el 6 de julio de 1913, destacándose en la acción contra las tropas de Rodrigo Paliza; se incorporó luego a las tropas de Sabas Valladares el 16 de octubre de 1913 con el grado de Mayor de caballería  obtenido por méritos en campaña por órdenes del Gral. Gertrudis Sánchez; el 1º de septiembre de 1914 ingreso bajo las órdenes de Amaro como Teniente Coronel y el 1º de marzo de 1915 fue ascendido a Coronel por méritos en campaña. Participó en las batallas de El Oro y Tultenango, Mex., estuvo en la 5ª. División del cuerpo del ejército del noreste desde el 28 de marzo de 1915 hasta el 29 de junio de 1916 bajo las órdenes del general Alvaro Obregón, con quién hizo una amistad entrañable.

Herido gravemente, en la batalla de Tlalchapan, Gro., fue hospitalizado en México y luego en Guadalajara donde se reincorporó a las fuerzas militares de la jefatura de operaciones de Michoacán el 1º de mayo de 1918. Cuando se recuperaba hizo su aparición Inés Chávez en Tingüindín y entonces ya con el grado de general  de brigada se atrevió hacerle frente tomando el templo parroquial y defendiendo aquel pueblo de las hordas chavistas.

Militó bajos las órdenes de los generales Estrada, Lázaro Cárdenas, Alfredo T. García y Melitón Alvarez. El 1º de mayo de 1920 al lado del coronel Rodolfo López se levantó en armas secundando el Plan de Agua Prieta, que derrocó a Carranza.

Causó baja del ejército para hacer trabajos particulares en Tingüindin donde radicó. Reingresó al ejército por haber sido llamado al servicio por el presidente Obregón quién era su amigo personal el 7 de diciembre de 1923 como general de división y se hizo cargo del 181º regimiento de caballería que tomó parte en las campañas contra el delahuertismo y estuvo en Ocotlán, Jal., a las ordenes de Obregón donde derrotaron el movimiento y a los generales Alvarado y Estrada. Quedó comisionado en la 26ª jefatura de operaciones.

Entre las batallas que libró, están por lo menos cien documentadas y en distintos rumbos del país, en estados como Michoacán, Guerrero, Hidalgo, Querétaro, Morelos, Sinaloa, Puebla y otros estados.

Fue acérrimo enemigo de los rebeldes cristeros y sus hazañas le valen un renglón en la historia como un hombre despiadado durante la guerra entablada por los insurgentes cristeros.  Incursionó en tierras altas de la sierra de Mazamitla y la ciénega de Chapala. Se retiró del servicio con honores y se dedicó a la política. Fue varias veces presidente municipal de Tingüindin, Mich. Falleció en aquella población que lo adoptó como uno de sus hijos predilectos. Vidal Zepeda, su hijo,  fue diputado local y federal. Su hijo Francisco fue revolucionario carrancista y murió en servicio, mientras que Ignacio fue coronel durante la guerra cristera y posteriormente ingreso al colegio militar.

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